En tus propias palabras habla con Dios…
Confiesa tus pecados. Nómbralos — orgullo, engaños mentiras, inmoralidad, avaricia, rencores, etc.
Dile a Dios que te arrepientes y que estás dispuesto a renunciar a todo pecado conocido, así como a la raíz de tus pecados, o sea, al egoísmo.
Dile a Dios que crees en El — te entregas completamente a El y recibes a Jesucristo en tu vida como Señor y Salvador.
El cumplirá Su palabra, te perdonará y entrará a tu vida haciéndote una persona nueva.
Puedes hacer esta entrega con o sin emociones profundas. Tu reacción es determinada por tu temperamento, tu trasfondo personal, y la manera individual en que Dios se allegue a ti. Sabes que sí has comprometido tu voluntad para agradarle a El, y esto es lo esencial. Las emociones son pasajeras, pero la elección de tu corazón es permanente.
Dale gracias A Dios por poder ser Su hijo y por la nueva vida que ahora tienes en El.
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